• La responsabilidad - Reflexión sobre el valor del mes

    Un 28 de abril hace 51 años muere Gianna Beretta Molla en Italia, su historia es un ejemplo de amor, pero también es un ejemplo de responsabilidad.

    La responsabilidad nos lleva a valorar nuestros actos, sus consecuencias, sus implicaciones y como resultado, nos invita a tomar decisiones basadas y apoyadas en ella. Cada uno de nosotros somos responsables en el trabajo, la casa, la escuela, la universidad, pero también somos responsables de nuestras vidas ante Dios, ante los hombres y responsables de la vida de otros como cuando Dios nos llama a ser padres.

    Gianna Beretta fue una madre responsable con su hija aún no nacida, su amor de madre, su amor a la vida, la llevó a tomar una decisión, donde luego de valorar las consecuencias de sus actos responsablemente, escogió morir para dar vida a su hija Gianna Emanuela.

    Hoy, como parte del propósito mensual que nos hemos planteado en el Curso de Música Litúrgica de la Fundación Música para la Vida, queremos compartir la historia de una madre responsable, que por amor no dudó en dar su vida y ahora, nos invita a reflexionar sobre nuestra labor como padres. ¿Somos padres responsables? ¿Creemos que cumplimos con nuestra responsabilidad de padres con solo darles a nuestros hijos alimento, vestido, educación y donde vivir? ¿Tenemos como padres a Dios como centro de nuestras vidas para pedirle su guía y su sabiduría?

    Les invitamos a leer la historia de Gianna Beretta y que el espíritu santo les guíe:

    "Gianna Beretta nació en Magenta (provincia de Milán) el día 4 de octubre de 1922. Desde su tierna infancia, acoge el don de la fe y la educación cristiana que recibe de sus padres. Considera la vida como un don maravilloso de Dios, confiándose plenamente a la Providencia, y convencida de la necesidad y de la eficacia de la oración.

    Durante los años de Liceo y de Universidad, en los que se dedica con diligencia a los estudios, traduce su fe en fruto generoso de apostolado en la Acción católica y en la Sociedad de San Vicente de Paúl, dedicándose a los jóvenes y al servicio caritativo con los ancianos y necesitados. Habiendo obtenido el título de Doctor en Medicina y Cirugía en 1949 en la Universidad de Pavía, abre en 1950 un ambulatorio de consulta en Mésero, municipio vecino a Magenta. En 1952 se especializa en Pediatría en la Universidad de Milán. En la práctica de la medicina, presta una atención particular a las madres, a los niños, a los ancianos y a los pobres.

    Su trabajo profesional, que considera como una «misión», no le impide el dedicarse más y más a la Acción católica, intensificando su apostolado entre las jovencitas.

    Se dedica también a sus deportes favoritos, el esquí y el alpinismo, encontrando en ellos una ocasión para expresar su alegría de vivir, recreándose ante el encanto de la creación.

    Se interroga sobre su porvenir, reza y pide oraciones, para conocer la voluntad de Dios. Llega a la conclusión de que Dios la llama al matrimonio. Llena de entusiasmo, se entrega a esta vocación, con voluntad firme y decidida de formar una familia verdaderamente cristiana.

    Conoce al ingeniero Pietro Molla. Comienza el período de noviazgo, tiempo de gozo y alegría, de profundización en la vida espiritual, de oración y de acción de gracias al Señor. El día 24 de septiembre de 1955, Gianna y Pietro contraen matrimonio en Magenta, en la Basílica de S. Martín. Los nuevos esposos se sienten felices. En noviembre de 1956, Gianna da a luz a su primer hijo, Pierluigi. En diciembre de 1957 viene al mundo Mariolina y en julio de 1959, Laura. Gianna armoniza, con simplicidad y equilibrio, los deberes de madre, de esposa, de médico y la alegría de vivir.

    En septiembre de 1961, al cumplirse el segundo mes de embarazo, es presa del sufrimiento. El diagnóstico: un tumor en el útero. Se hace necesaria una intervención quirúrgica. Antes de ser intervenida, suplica al cirujano que salve, a toda costa, la vida que lleva en su seno, y se confía a la oración y a la Providencia. Se salva la vida de la criatura. Ella da gracias al Señor y pasa los siete meses antes del parto con incomparable fuerza de ánimo y con plena dedicación a sus deberes de madre y de médico. Se estremece al pensar que la criatura pueda nacer enferma, y pide al Señor que no suceda tal cosa.

    Algunos días antes del parto, confiando siempre en la Providencia, está dispuesta a dar su vida para salvar la de la criatura: «Si hay que decidir entre mi vida y la del niño, no dudéis; elegid -lo exijo- la suya. Salvadlo».

    La mañana del 21 de abril de 1962 da a luz a Gianna Emanuela. El día 28 de abril, también por la mañana, entre indecibles dolores y repitiendo la jaculatoria «Jesús, te amo; Jesús, te amo», muere santamente. Tenía 39 años.

    Sus funerales fueron una gran manifestación llena de emoción profunda, de fe y de oración. La Sierva de Dios reposa en el cementerio de Mésero, a 4 kilómetros de Magenta.

    «Meditada inmolación», Pablo VI definió con esta frase el gesto de la beata Gianna recordando, en el Ángelus del domingo 23 de septiembre de 1973: «una joven madre de la diócesis de Milán que, por dar la vida a su hija, sacrificaba, con meditada inmolación, la propia». Es evidente, en las palabras del Santo Padre, la referencia cristológica al Calvario y a la Eucaristía.

    S.S. Juan Pablo II la canonizó el 16 de mayo de 2004." Tomado de Catholic.net
  • 1 comentario:

    1. fanny hernández - fannyhdifilippo@hotmail.com18 de enero de 2015, 17:10

      Gracias por brindarnos ésta hermosa reflexión, basada en una experiencia de vida de una Santa, como fue Gianna Beretta.Cuando se hacen las cosas con “AMOR”, queda realizada una obra mas para agrado de DIOS, y así cumplimos y vivimos con su primer y mas importante mandamiento: El del AMOR .

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